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La masilla: cuándo sí y cuándo no

La masilla tiene mala fama, pero bien usada es imprescindible. Te explicamos para qué sirve, cuáles son sus límites y cómo distinguir un buen trabajo.

19 de septiembre de 2023Chapa y pintura

«Eso lo han arreglado con masilla.» Seguro que lo has oído alguna vez, casi siempre como crítica. Es verdad que la masilla se ha usado mal durante años, para rellenar golpes que nadie se molestó en enderezar. Pero en una reparación bien hecha es un material necesario. La clave está en cuánto se usa y para qué.

Qué es y para qué sirve

La masilla de carrocería es una pasta de dos componentes que, al mezclarse, endurece. Se aplica en capas finas sobre la chapa ya enderezada para corregir las pequeñas irregularidades que quedan después del trabajo de chapista. Una vez seca se lija hasta que la superficie queda perfectamente a nivel con el resto de la pieza, y encima se aplica el aparejo y la pintura.

Piensa en ella como el enlucido de una pared: no sustituye al ladrillo, solo deja la superficie lisa para pintar. Si la pared está torcida, el enlucido no la endereza.

Cuándo sí

  • Para afinar una chapa que ya ha recuperado su forma, rellenando ondulaciones de décimas de milímetro que el ojo detecta con la luz rasante.
  • En piezas de plástico, como los paragolpes, con masillas flexibles específicas que acompañan el movimiento del material.
  • Para corregir marcas pequeñas tras quitar una abolladura o soldar una pieza, siempre en capa fina.

Cuándo no

  • Como sustituto del trabajo de chapa. Si un golpe se rellena en lugar de enderezarse, la capa de masilla es gruesa, pesa, puede agrietarse con las vibraciones y los cambios de temperatura, y tiende a marcarse con el tiempo.
  • Sobre óxido o pintura suelta. La masilla no detiene la corrosión: si hay óxido debajo, seguirá avanzando y acabará levantando la reparación.
  • En zonas estructurales o muy dañadas. Si la pieza está rota, desgarrada o afecta a la estructura, lo correcto es reparar o sustituir, no rellenar.

Cómo se aplica bien

Una buena aplicación empieza antes de abrir el bote. La zona se lija, se limpia y se desengrasa, y el metal desnudo recibe una protección anticorrosiva. En plásticos se aplica antes un promotor de adherencia, porque sin él la masilla se despega con facilidad.

Después se mezcla con su endurecedor en la proporción que indica el fabricante. Si se pone endurecedor de más o de menos, la masilla no cura bien y puede manchar la pintura o quedarse blanda. Se extiende presionando, para no dejar burbujas de aire, y en capas finas cruzadas en lugar de una sola capa gruesa. Por último se lija en varias pasadas, de lija más gruesa a más fina, hasta que la superficie queda impecable al tacto y a la vista.

Cómo detectar un exceso de masilla

Si estás comprando un coche de segunda mano o quieres revisar un arreglo antiguo, hay algunas pistas:

  • Mira la pieza con luz rasante: las zonas con mucha masilla suelen mostrar ondulaciones o un contorno.
  • Busca pequeñas grietas finas o burbujas en la pintura de una zona concreta.
  • Un imán se agarra peor donde hay mucha capa de relleno (no sirve en piezas de aluminio o plástico).
  • Un medidor de espesores de pintura, como el que se usa en una revisión profesional, lo confirma con datos.

La masilla no es el problema. El problema es usarla en lugar de reparar.

En nuestro taller la usamos para lo que sirve: afinar, no para esconder. Si quieres saber cómo trabajamos un golpe, mira nuestra reparación de chapa. Y si vas a comprar un coche y te preocupa lo que puede haber debajo de la pintura, te interesa nuestra revisión antes de comprar.

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