El sellado original de fábrica y por qué hay que reproducirlo
Esos cordones de sellador en las juntas de puertas, maletero y capó no son un detalle estético. Te contamos para qué sirven y por qué una buena reparación los copia.
Abre el maletero de tu coche o el hueco de una puerta y fíjate en las juntas entre chapas. Verás cordones de un material gomoso, a veces lisos, a veces con una textura o un dibujo característico, pintados del mismo color que la carrocería. Es el sellado de fábrica. Pasa desapercibido, pero cumple funciones importantes, y reproducirlo bien es una de las señales de una reparación cuidada.
Para qué sirve el sellado
- Impedir que entre el agua. Allí donde dos chapas se solapan queda una rendija. Sin sellar, el agua y la humedad se meten y se quedan, y es ahí donde empieza gran parte de la corrosión.
- Evitar ruidos y vibraciones. Las juntas selladas no rozan ni vibran entre sí, y el coche resulta más silencioso.
- Cerrar el paso al polvo y al aire. Las juntas bien cerradas impiden que polvo, arena y corrientes de aire entren en el habitáculo o el maletero.
- Reforzar las uniones. Algunos selladores y adhesivos de carrocería contribuyen también a la rigidez de ciertas juntas, como los pliegues de los paneles exteriores de las puertas.
Por qué se pierde en una reparación
Cuando una pieza soldada se sustituye, el sellado original desaparece con ella. Y cuando se repara una zona próxima a una junta, a menudo hay que retirarlo para trabajar. Si al terminar no se repone, la junta queda abierta. El coche sale del taller con buen aspecto, pero con una vía de entrada para el agua que, con el tiempo, se convierte en óxido.
Reproducirlo, no solo taparlo
No basta con poner cualquier cordón de silicona. Un buen sellador de carrocería debe adherirse a la chapa, mantenerse elástico con el calor y el frío, admitir pintura encima y no agrietarse con los años. Además, la reparación busca que el resultado se parezca al original:
- El mismo tipo de cordón en cada junta: plano, redondeado, a brocha o pulverizado, según lo que hizo la fábrica.
- La misma textura. En muchos coches el sellado tiene un acabado rugoso o con marcas de pincel; se imita con la herramienta adecuada.
- En el mismo sitio. Ni de más, que se vería como un pegote, ni de menos, que dejaría huecos.
Esto importa también por una razón práctica: quien revisa un coche, por ejemplo antes de comprarlo, suele mirar el sellado. Un cordón irregular o distinto al del otro lado del coche delata una reparación. Un sellado bien reproducido no llama la atención.
Cómo se hace
Primero se limpia la junta a fondo, eliminando restos de sellador antiguo, grasa y silicona. Después se protege el metal desnudo con una imprimación anticorrosiva. El sellador se aplica sobre la junta con el método que corresponda, se le da la forma y la textura adecuadas y se deja curar. Por último, se pinta junto con el resto de la pieza, de modo que queda integrado y del mismo color.
En los bajos y estribos, el sellado se complementa con antigravilla, que protege esas zonas de los impactos de piedras. Y en los huecos cerrados, al final del proceso, se aplica cera de cavidades, que completa la protección por dentro.
Una junta sin sellar no se nota el día de la entrega. Se nota cuando aparece el óxido.
Lunas y juntas pegadas
Un caso parecido son las lunas pegadas, como el parabrisas o la luna trasera. Van fijadas con un adhesivo que sella y además contribuye a la rigidez de la carrocería. Si se desmontan durante una reparación, deben volver a pegarse con productos adecuados y con el tiempo de curado que exigen, antes de mover el coche.
Si quieres una reparación que cuide también estos detalles, consulta nuestra reparación tras accidente y el tratamiento anticorrosión. Y si vas a comprar un coche usado, en la revisión antes de comprar miramos el sellado entre otras muchas cosas.
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